(Clickar en el título)
Marcelino fue educado desde su más
tierna infancia en la confesión Católica. Apostólica. Romana. Su padre tapicero
artesano, su madre profesora vocacional de religión.
Su primer viaje, Tierra Santa, sin
tan siquiera saberlo. Cuando su madre se puso de parto prematurísimo en tan
religioso paraje primero se asustó, pero después creyó que había sido una señal
divina.
Marcelino no jugaba con cromos de
futbolistas como cualquier otro niño, él se entretenía con estampitas de
santos.
-
Tengui, tengui. Falti, falti, Santa Eulalia – solía decir.
Su segundo viaje 8 años después y
cien estampitas más tarde fue a la Ciudad del Vaticano. Otros niños a su edad
iban a Eurodisney. Él, cambió Mickey Mouse por Cristo Crucificado y a Daisy por
la Virgen María. Los profesores de su escuela, todos sacerdotes, le propusieron
a sus fervorosos padres que - como
Marcelino era un niño tan devoto y creyente y con tanta precocidad y predisposición
para una vida espiritual – lo veían preparado para emprender un viaje, con unos
cuántos niños más elegidos, al mismo epicentro del catolicismo. Ciudad del
Vaticano. Roma. Sus padres ni se lo pensaron. Era muy pequeño pero iba muy bien
acompañado y esas personas de Dios velarían por él. ¿Qué le podía pasar si
estaba arropado por siervos del Señor?
En esta ocasión ya con una edad que
le permitía disfrutar de las cosas bonitas, quedó impactado por la belleza del
sufrimiento de la Piedad de Miguel Ángel. Marcelino miró con sus ojos de niño a
los ojos sin cuencas de María, tan sorprendentemente joven y bella y,
comprendió la agonía tan atroz de aquella madre de mármol.
- -Me gustaría abrazarte – deseó inocentemente.
Y aprovechando unos momentos, quizá
unos segundos, cuando el resto del grupo se dirigía a observar otra de las
muchas tallas, cuidadosamente posó sus manitas en el vidrio que protegía a la
Piedad y acercando sus labios a la cara de Cristo le susurró mientras se
cercioraba de que realmente el grupo se había alejado.
-
Hola Jesús te tengo que explicar una cosa. No se lo puedo
decir ni a mi mamá ni a mi papá. Mis profesores me dicen que tengo demasiada
imaginación. La imaginación debe ser mala. Pero yo… Jesús… Jesús tengo miedo,
tengo mucho miedo. Estoy muy triste. Todo empezó en una excursión que hicimos a
la montaña. El padre Justo me llevó fuera del grupo en el bosque y… entonces…
empezó a…
Se sucedieron rápidos los segundos y
Marcelino con su mente de niño le fue relatando a la fría figura de mármol todo
lo que pudo vomitar en ese minúsculo lapso de tiempo.
-
¡Marcelino! – gritó, inapropiadamente para un lugar tan
santo, el padre Justo.
-
¡Marcelino! – nos queda mucho por ver todavía. Si te
perdieras no sé qué les diría a tus padres.
Y le despeinó cariñosamente el
flequillo.
Apartó sus manos del vidrio frío.
Quedaron sus huellas por unos instantes como prueba de lo que allí había
ocurrido. Poco después se desvanecieron.
-
No te preocupes tú eres el hijo de Dios, resucitarás - le susurró nerviosamente Marcelino corriendo
a reunirse con los demás niños mientras le parecía que la expresión del rostro
de Cristo había cambiado.
Pero, como siempre le insistía el padre Justo, debía ser fruto de su
imaginación y él, tenía mucha, y no era una cosa nada buena para los niños pudiéndoles
jugar malas pasadas.
Dos días después Marcelino volaba hacía Barcelona. Nada había cambiado
después de su confesión. Posó sus manos en el cristal de la ventanilla y lloró
en silencio. Su compañero de asiento, otro niño elegido, lo abrazó.
-
¡Tranquilo, tranquilo todo pasará!- le dijo.
LA
VANGUARDIA.- 6 de junio de 2016.
Curioso y desagradable suceso en una
Iglesia en Barcelona con consecuencia de muerte. El Capellán que celebraba la
misa dominical en el momento de ingerir la hostia consagrada se atragantó. Se
le practicó la maniobra de Heimlich sin éxito. Hoy todos los feligreses lloran
la pérdida de un gran puntal de su comunidad.
EL PAIS.-
7 de junio de 2016.
El padre Bendito muy conocido en su comunidad
por su absoluta dedicación a la enseñanza de los más pequeños ha sufrido un
terrible accidente. El inmenso Cristo Crucificado - conocido en toda Barcelona
por su tamaño descomunal - al parecer sufrió cierto deterioro en sus anclajes
por el paso del tiempo dando lugar al desgraciado accidente. El padre iba a impartir
sus conocidas clases de catequesis en ese mismo momento. Su estado es grave
temiéndose por su vida.
EL
PERIÓDICO.- 8 DE JUNIO DE 2016.
Desconcierto y gran preocupación en
la comunidad católica. Tres incidentes en muy poco lapso de tiempo con
consecuencia de muerte. El último, el sacerdote Biendicho. Se estaba revistiendo
para la misa de las ocho cuando todo su cuerpo sufrió una extraña y galopante
alergia. La tráquea se le hinchó y falleció instantáneamente. La Comunidad
Católica ante los repentinos y extraños acontecimientos ha puesto en marcha una
investigación.
NOTA DEL
AUTOR: Cualquier parecido con la realidad es
pura realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario