martes, 8 de marzo de 2016


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Marcelino fue educado desde su más tierna infancia en la confesión Católica. Apostólica. Romana. Su padre tapicero artesano, su madre profesora vocacional de religión.
Su primer viaje, Tierra Santa, sin tan siquiera saberlo. Cuando su madre se puso de parto prematurísimo en tan religioso paraje primero se asustó, pero después creyó que había sido una señal divina.
Marcelino no jugaba con cromos de futbolistas como cualquier otro niño, él se entretenía con estampitas de santos.
-         Tengui, tengui. Falti, falti, Santa Eulalia – solía decir.

Su segundo viaje 8 años después y cien estampitas más tarde fue a la Ciudad del Vaticano. Otros niños a su edad iban a Eurodisney. Él, cambió Mickey Mouse por Cristo Crucificado y a Daisy por la Virgen María. Los profesores de su escuela, todos sacerdotes, le propusieron a sus fervorosos padres que  - como Marcelino era un niño tan devoto y creyente y con tanta precocidad y predisposición para una vida espiritual – lo veían preparado para emprender un viaje, con unos cuántos niños más elegidos, al mismo epicentro del catolicismo. Ciudad del Vaticano. Roma. Sus padres ni se lo pensaron. Era muy pequeño pero iba muy bien acompañado y esas personas de Dios velarían por él. ¿Qué le podía pasar si estaba arropado por siervos del Señor?
En esta ocasión ya con una edad que le permitía disfrutar de las cosas bonitas, quedó impactado por la belleza del sufrimiento de la Piedad de Miguel Ángel. Marcelino miró con sus ojos de niño a los ojos sin cuencas de María, tan sorprendentemente joven y bella y, comprendió la agonía tan atroz de aquella madre de mármol.

-         -Me gustaría abrazarte – deseó inocentemente.
Y aprovechando unos momentos, quizá unos segundos, cuando el resto del grupo se dirigía a observar otra de las muchas tallas, cuidadosamente posó sus manitas en el vidrio que protegía a la Piedad y acercando sus labios a la cara de Cristo le susurró mientras se cercioraba de que realmente el grupo se había alejado.

-         Hola Jesús te tengo que explicar una cosa. No se lo puedo decir ni a mi mamá ni a mi papá. Mis profesores me dicen que tengo demasiada imaginación. La imaginación debe ser mala. Pero yo… Jesús… Jesús tengo miedo, tengo mucho miedo. Estoy muy triste. Todo empezó en una excursión que hicimos a la montaña. El padre Justo me llevó fuera del grupo en el bosque y… entonces… empezó a…

Se sucedieron rápidos los segundos y Marcelino con su mente de niño le fue relatando a la fría figura de mármol todo lo que pudo vomitar en ese minúsculo lapso de tiempo.

-         ¡Marcelino! – gritó, inapropiadamente para un lugar tan santo, el padre Justo.
-         ¡Marcelino! – nos queda mucho por ver todavía. Si te perdieras no sé qué les diría a tus padres.
Y le despeinó cariñosamente el flequillo.
Apartó sus manos del vidrio frío. Quedaron sus huellas por unos instantes como prueba de lo que allí había ocurrido. Poco después se desvanecieron.

-         No te preocupes tú eres el hijo de Dios, resucitarás  - le susurró nerviosamente Marcelino corriendo a reunirse con los demás niños mientras le parecía que la expresión del rostro de Cristo había cambiado.

Pero, como siempre le insistía el padre Justo, debía ser fruto de su imaginación y él, tenía mucha, y no era una cosa nada buena para los niños pudiéndoles jugar malas pasadas.

Dos días después Marcelino volaba hacía Barcelona. Nada había cambiado después de su confesión. Posó sus manos en el cristal de la ventanilla y lloró en silencio. Su compañero de asiento, otro niño elegido, lo abrazó.

-         ¡Tranquilo, tranquilo todo pasará!- le dijo.

LA VANGUARDIA.- 6 de junio de 2016.
Curioso y desagradable suceso en una Iglesia en Barcelona con consecuencia de muerte. El Capellán que celebraba la misa dominical en el momento de ingerir la hostia consagrada se atragantó. Se le practicó la maniobra de Heimlich sin éxito. Hoy todos los feligreses lloran la pérdida de un gran puntal de su comunidad.

EL PAIS.- 7 de junio de 2016.
El padre Bendito muy conocido en su comunidad por su absoluta dedicación a la enseñanza de los más pequeños ha sufrido un terrible accidente. El inmenso Cristo Crucificado - conocido en toda Barcelona por su tamaño descomunal - al parecer sufrió cierto deterioro en sus anclajes por el paso del tiempo dando lugar al desgraciado accidente. El padre iba a impartir sus conocidas clases de catequesis en ese mismo momento. Su estado es grave temiéndose por su vida.



EL PERIÓDICO.- 8 DE JUNIO DE 2016.
Desconcierto y gran preocupación en la comunidad católica. Tres incidentes en muy poco lapso de tiempo con consecuencia de muerte. El último, el sacerdote Biendicho. Se estaba revistiendo para la misa de las ocho cuando todo su cuerpo sufrió una extraña y galopante alergia. La tráquea se le hinchó y falleció instantáneamente. La Comunidad Católica ante los repentinos y extraños acontecimientos ha puesto en marcha una investigación.


NOTA DEL AUTOR: Cualquier parecido con la realidad es pura realidad.








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